*** En el marco de una importante actividad académica, la Universidad de Los Andes propuso la creación de un Observatorio Venezolano de Riesgo de Desastres para integrar el conocimiento científico con la toma de decisiones estatales. La meta es transformar los diagnósticos técnicos en planes de acción que garanticen la seguridad ciudadana y la resiliencia de la infraestructura nacional
(Prensa ULA. María Ángela
Arellano / CNP: 28.024 / Fotos: Lánder Altuve) Durante el Foro "La tierra
tiembla", especialistas de la Universidad de Los Andes (ULA) analizaron la
fragilidad de la red sismológica nacional y presentaron propuestas para mitigar
riesgos ante futuros eventos de gran magnitud.
El 30 de junio de 2026, investigadores de la Facultad de Ingeniería y el Laboratorio de Geofísica de la ULA advirtieron que el evento sísmico del 24 de junio dejó al descubierto un estado de desamparo técnico en el país, e instaron a recuperar la infraestructura de monitoreo y a profesionalizar la gestión de riesgos para proteger a las poblaciones vulnerables.
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Los terremotos del 24 de junio han sido
catalogados por los especialistas universitarios como el desastre socionatural
de mayor escala en la historia escrita de Venezuela y Latinoamérica. Este
fenómeno no fue un sismo convencional, sino un evento complejo que sometió a
las estructuras a demandas físicas extremas debido a su naturaleza dual: dos
movimientos principales con apenas 39 segundos de diferencia, lo que debilitó
severamente edificaciones que no estaban diseñadas para una carga doble
inmediata.
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Silencio sísmico en Los Andes
En el occidente del país, la preocupación
académica se centra en el prolongado "silencio sísmico" que afecta a
la región de Los Andes desde 1894, expuso el profesor Raúl J. Estévez,
coordinador del Laboratorio de Geofísica. "Esta acumulación de energía
elástica por más de 132 años representa una amenaza latente para ciudades como
Mérida, donde la falla de Boconó permanece activa", dijo el especialista.
La respuesta ante esta realidad se ve limitada
por el desmantelamiento de la infraestructura científica, que pasó de manejar
300 estaciones a tener solo un puñado operativas. Además, la fuga de
especialistas por condiciones salariales precarias ha dejado la vigilancia
sísmica en manos de personal jubilado.
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Propuesta de la ULA
Ante este panorama, la ULA propone la creación
de un Observatorio Venezolano de Riesgo de Desastres para integrar el
conocimiento científico con la toma de decisiones estatales. La meta es
transformar los diagnósticos técnicos en planes de acción que garanticen la
seguridad ciudadana y la resiliencia de la infraestructura nacional.
Desmantelamiento científico y desafíos de la
ingeniería estructural
El profesor Estévez denunció la pérdida masiva
de la capacidad de monitoreo en el territorio nacional. "El país
desmanteló toda la infraestructura que existía; la red nacional llegó a manejar
entre 250 y 300 estaciones y hoy a Funvisis le quedan unas tres o cinco funcionando",
explicó el físico.
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El académico precisó que la falta de recursos y
el éxodo de investigadores han silenciado a las instituciones que anteriormente
lideraban la sismología en Latinoamérica. Estévez señaló que, aunque hay
expertos en el exterior dispuestos a colaborar, el Estado debe garantizar
condiciones mínimas de vida y trabajo para recuperar el talento humano
especializado.
Por su parte, el profesor Pedro Rivero, director
de la Escuela de Ingeniería Civil de la ULA, aclaró que las estructuras
modernas no se diseñan para ser indestructibles, sino para proteger la vida.
"Las diseñamos para que tengan daños, pero daños controlados, daños
moderados, daños que se puedan reparar en forma rápida y económica",
puntualizó el experto estructural.
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Rivero destacó que, si bien la Norma Sísmica
2019 de Venezuela es un estándar de avanzada a nivel mundial, el evento del 24
de junio superó muchas expectativas técnicas. Explicó que el impacto acumulado
del doblete sísmico generó una demanda superior a la que cualquier código de
construcción prevé para un evento individual.
Geología de las fallas y gestión operativa de
emergencias
El geógrafo Jorge Carrero detalló la mecánica de
las placas tectónicas que afectan a Venezuela, las cuales se desplazan
aproximadamente 5 milímetros cada año. "Si pasan cientos de años y no se
mueven, se acumula la energía necesaria para producir un sismo de magnitud 7.5
y eso potencia la capacidad destructiva de las fallas geológicas que pasan por
el país", advirtió.
A su vez, los ponentes coincidieron en que es imperativo reglamentar la Ley de Gestión de Riesgos para evitar que se sigan otorgando permisos de construcción en zonas de alta amenaza.
"La ULA reafirmó su compromiso de liderar
la reconstrucción del conocimiento científico, insistiendo en que el país posee
los recursos necesarios para garantizar un futuro más seguro ante la innegable
realidad sísmica del territorio", dijo el rector de la ULA, Mario Bonucci,
tras dar el cierre a la actividad.
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